Radosław Sikorski, ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, afirma que si Varsovia completa sus planes militares para 2030, atacar a Polonia se convertiría en una apuesta irracional incluso para el Kremlin. Esto no es solo retórica. Para 2026, Polonia se prepara para gastar alrededor del 4,8% del PIB en defensa, la proporción más alta de la OTAN.
Detrás de esta fortaleza militar se esconde una de las transformaciones económicas más notables de Europa. En apenas unas décadas, Polonia ha pasado de la economía rígida del comunismo a convertirse en una gran potencia económica regional. En términos reales, el FMI la sitúa entre las cinco mayores economías de la Unión Europea y entre las 20 principales del mundo. Por PIB nominal, su posición es ligeramente inferior, pero la tendencia general es imposible de negar.
La evolución del
tipo de cambio del zloty polaco ofrece otra perspectiva sobre el desempeño económico de Polonia y la forma en que los mercados internacionales evalúan sus perspectivas.
El cambio también se aprecia en la migración. Tras años en los que millones de polacos se marcharon a Alemania, el Reino Unido o los Países Bajos, cada vez más están optando por regresar. La brecha salarial con Europa occidental se ha reducido, la economía sigue creciendo y Polonia ya no es vista por sus propios ciudadanos como un país que deban abandonar para construir una vida mejor.
Sikorski también señala uno de los grandes errores estratégicos de Europa occidental. Alemania creyó durante años que el comercio y la dependencia de Rusia de las exportaciones energéticas harían a Moscú más moderado. Polonia advirtió que los gasoductos que eludían Europa central traerían no solo gas barato, sino también vulnerabilidad política. Tras la invasión rusa de Ucrania, las advertencias de Varsovia ya no parecen exageradas. Alemania siguió adelante con Nord Stream incluso después de la anexión de Crimea, pese a la oposición polaca.
Sobre Irán, Sikorski utiliza una formulación dura pero clara: el problema empieza cuando un Estado deja de comportarse como un Estado y empieza a actuar como una revolución permanente, intentando exportar su ideología. Irán tiene derecho a defender sus intereses, pero no a imponer su modelo político a otras sociedades.
En el caso del Reino Unido, la ironía del Brexit se hace cada vez más visible. Una mayoría de los votantes británicos ahora apoya, en principio, volver a unirse a la Unión Europea, pero la clase política no está preparada para dar ese paso. Cualquier regreso requeriría nuevas negociaciones, sin garantía de que Londres recupere los privilegios especiales que tenía antes de salir.
Puedes estar de acuerdo o no con Sikorski, pero su visión es coherente: la seguridad se construye con fortaleza, la prosperidad con reformas y la independencia reduciendo vulnerabilidades. Polonia ya no pide que se la trate como parte de la periferia de Europa. Ya se comporta como una de las grandes potencias del continente.